Celebrar el aniversario de nacimiento es una tradición ancestral. Encontramos a lo largo de la historia una amplia gama de festejos que pueden ir desde una gran conmemoración reservada únicamente para dioses, reyes, faraones y emperadores de algunas civilizaciones antiguas, hasta la pequeña reunión familiar en casa de las clases más modestas de la Era Moderna.

Por Claudia Moszkowicz

La fiesta moderna de cumpleaños infantil como la conocemos hoy en día, surge a principios del siglo XIX en Alemania (kinderfeste — festival del niño), cuando se toma conciencia de la infancia como etapa especial de la vida. Los padres ofrecían algunos regalos al niño y la madre preparaba su comida favorita e invitaba a cenar a niños y amigos de la familia. Había torta de cumpleaños (un poco diferente a la que se acostumbra actualmente) con velitas y pedido de deseo secreto antes de soplarlas.

En los países industrializados del siglo XXI, donde el consumismo, lo prefabricado, fast, reglado, exuberante, azucarado y ruidoso está tan generalizado, las celebraciones infantiles no suelen ser la excepción.

Muchos niños (incluso los que no tienen edad suficiente para recordarlo) son celebrados con fiestas dignas de Dioses Griegos. Los costos se han elevado increíblemente, la presión por organizar “La mejor fiesta”, “La más cool”, “La más impactante” va en aumento y lo mismo ocurre con los regalos que recibe el cumpleañero.

La cantidad de invitados muchas veces se hace inmanejable (para adultos y pequeños) y los niños se ven sobreestimulados a extremos muy poco saludables.

Muchos padres y madres son competitivos y disfrutan de dedicar grandes esfuerzos a que las fiestas de sus hijos sean las más originales y fabulosas, elevando la vara para aquellos que deseen participar de la contienda.

Otros se unen a esta escalada porque les preocupa que sus hijos (y ellos mismos) puedan quedar fuera de su circuito social o se vean desmerecidos en la comparación con sus amiguitos. Varios lo hacen contra sus propios principios, y muchos llegan a asumir gastos que no pueden costear, con tal de ofrecer a su pequeño retoño (y para el deleite de sus pares) el memorable evento que merece.

Como contracara, cada vez más familias optan por lo que llaman “cumples como los de antes” y celebran (en casa o fuera) con unos pocos familiares y amigos más cercanos del niño, una torta y espacio y tiempo para jugar sin consignas específicas (o con pocas). Para sorpresa de muchos, la mayoría de los niños disfruta en grande de poder pasar tiempo jugando libremente.

Aunque cada familia es libre de celebrar como mejor le parezca, es importante saber que ciertas tendencias sociales tienen consecuencias no deseadas. Algunos expertos, como el Dr. Bill Doherty de la Universidad de Minnesota, alertan sobre los efectos adversos que esta escalada de mega eventos tiene sobre algunos niños, adultos y comunidades. Entre ellos menciona: niños con estrés, envidia y/o que dan excesivo  valor  a  lo material, padres que se sienten presionados, culpables y/o resentidos, y comunidades donde nada es suficiente y se genera excesiva cantidad de desperdicios y basura.

Si bien no existe una fórmula mágica para organizar el cumpleaños perfecto, sí  existe  la  posibilidad  de reflexionar y elegir con conciencia lo que es apropiado para cada niño en cada momento de su vida.

Es fundamental tomar en cuenta los valores familiares y las características de cada hijo, y hacerlo partícipe de las decisiones. Algo tan básico como consultar al cumpleañero, cuando se trata de un niño, muchas veces es pasado por alto.

La escasez de tiempo y las altas expectativas sobre la fiesta, conspiran para que muchos sientan que organizar la fiesta de cumpleaños es un dolor de cabeza y (si pueden pagarlo) deciden  tercerizar  la  mayoría  de  las tareas. Pero ya que tanto se habla hoy en día de la importancia de pasar tiempo de calidad con los hijos, ¿por qué desperdiciar esta oportunidad?

Algunas no lo hacen y han encontrado el modo de convertir los preparativos del festejo en un momento familiar, de comunicación, de juego y transmisión de valores. En definitiva empiezan a celebrar mucho tiempo antes, cuando piensan juntos quienes serán los invitados, confeccionan o compran lo necesario para el agasajo, planifican las actividades, deciden dónde se va a realizar, etc. No es una ardua tarea, sino una actividad creativa en familia.

La intención no es ser aguafiestas, sino tomar conciencia de que los cumpleaños pueden ser divertidos y disfrutables de un sinfín de maneras.

Es completamente loable querer dar lo mejor a los hijos, pero la cuestión es distinguir a conciencia si la necesidad es de las madres y los padres, o de los hijos, y si el deseo del niño es una verdadera necesidad o enmascara una necesidad más profunda que se manifiesta de esta manera.

En definitiva poco hemos inventado. Los grandes festines de excesos con cientos de invitados fuera de control se celebraban ya antes de la Edad Media, sin  embargo  hoy  día  contamos con  herramientas  para  reflexionar y generar cambios respecto a cuánto se ha generalizado y cuál será el efecto a mediano y largo plazo sobre la generación de niños de la actualidad.

La forma de celebrar los cumpleaños infantiles no es ni más ni menos que un reflejo de la sociedad en la que vivimos y de la familia que festeja. Si estando en la celebración del niño, el adulto para a observar la foto completa y se ve reflejado en ella, pues adelante; si por el contrario se pregunta cómo llegó hasta allí, tal vez sea hora de rebobinar.

Fuentes:

Honoré, C. (2010). Hijos bajo presión: Cómo educar en un mundo hiperexigente. Buenos Aires: Del Nuevo Extremo.

Pleck, E.H. (2000). Celebrating the Family: Ethnicity, Consumer Culture, and Family Ritual. Cambridge, MA: Harvard University Press.

University of Minnesota – Department of Family Social Science. (2013). Birthdays without Pressure. En http://www.cehd.umn.edu/fsos/projects/birthdays/default.asp.

Este artículo fue publicado originalmente en la Revista Sala de Espera de Uruguay bajo el título “La fiesta inolvidable”. Aquí se puede leer la versión online.