Luego de la reciente huelga de maestros y la publicación de los últimos datos sobre repetición escolar, no es necesario ser un gran analista para darse cuenta que al Sistema de Educación Pública le urge una reformulación. Pero ¿es sólo este sistema lo que requiere ser repensado o  deberíamos  replantearnos  la  manera  general de concebir la infancia y en particular la forma en que aprenden los niños?
A partir de la pedagogía Waldorf, reflexionamos sobre varios de los conceptos de la educación formal. Según Rudolf Steiner, su precursor: “No hemos de preguntarnos qué necesita saber y conocer el ser humano para el orden social sino ¿qué potencial hay en el hombre y que puede desarrollarse en él?”

 

Por: Claudia Moszkowicz

“Si quieres que tus hijos sean inteligentes, léeles cuentos de hadas. Si quieres que sean más inteligentes, léeles más cuentos de hadas” – Albert Einstein

SEMC 3MP DSCÉrase una vez en tierras cercanas, un jardín de infantes de cuentos de hadas. Allí todos los niños y las niñas eran invitados a ser príncipes y princesas de su reino y encontrarse consigo mismos y los demás a través de sus talentos más profundos y particulares, por medio del juego, los cuentos transmitidos de forma oral y las canciones entre acuarelas y tareas cotidianas.

En el jardín de los cuentos de hadas, los príncipes y princesas eran guiados por una maestra que, con mucho amor, asumía la responsabilidad de descubrir en cada uno de ellos los dones especiales con los que llegaban a este mundo, y de ayudarlos a preservarlos, desafiarlos y desarrollarlos. Para tan mágica tarea, no alcanzaba con prepararse intelectualmente, sino que era imprescindible que preparara su alma y su corazón para el desafío original y único que se presentaba cada día, con cada uno de los niños.

Este jardín de cuentos de hadas, que para muchos pequeños sería su lugar soñado, se basa en la Pedagogía Waldorf que desarrollara Rudolf Steiner a principios del siglo XX.

Esta pedagogía hace énfasis en la importancia de que la educación se adapte a cada niño en vez de buscar amoldarlo a las necesidades de la sociedad. En palabras de Steiner: “No hemos de preguntarnos qué necesita saber y conocer el ser humano para el orden social sino ¿qué potencial hay en el  hombre y que  puede  desarrollarse en él? Así será posible aportar al orden social nuevas fuerzas procedentes de la generación joven. De esta manera siempre pervivirá en este orden social lo que hagan de él los hombres integrales que se incorporen al mismo y no se hará de la nueva generación lo que el orden social quiera hacer de ella”.

Steiner concibe al hombre como una totalidad física, anímica y espiritual, lo cual se refleja fuertemente en la Pedagogía Waldorf. Esto va de la mano de un aspecto muy controversial de la misma: no pone calificaciones (ni con números, ni con letras, ni con caritas). Entonces, ¿cómo saber si los niños aprenden?

SEMC 3MP DSCHoracio Sánchez  (Maestro Waldorf y Formador Docente, Asesor Pedagógico del Jardín de Infantes Luz del Sol) explica: “Cada institución educativa elabora sus propios criterios de evaluación teniendo en cuenta todas las características que se considera relevante y necesario evaluar en el desarrollo de un niño. Y la menos importante es si adquirió o no adquirió un conocimiento, porque esa es la más externa y es la más simple de ver. No es necesario tomarle una prueba a un niño para determinar si sabe o no sabe. Si uno es un maestro consciente sabe lo que sabe, lo que puede, a lo que llega o a lo que no cada niño. Además estas evaluaciones externas son altamente discriminatorias y apuntan a la competencia y a la segregación. Entonces si el maestro capta al ser humano en desarrollo, va a ser consciente de que este niño que todavía no llegó, está en aprendizaje y hay que ser consciente también de qué está afectando, por qué no llega a ese contenido y dar los tiempos necesarios y acompañar como para que el niño lo internalice, pero no un contenido intelectualizado, sino que a través del desarrollo de este contenido yo estoy actualizando una facultad que le es propia como persona. Lo importante es el desarrollo personal. La adquisición del contenido llega por sí misma, no llega impuesto de afuera”.

La Pedagogía Waldorf distingue tres etapas (de aproximadamente 7 años cada una desde el nacimiento) en el  desarrollo  hacia  la adultez  y  tanto  los  contenidos, como la forma de enseñarlos, son adaptados a los diferentes septenios y características particulares de cada niño.

Encontrar niños sentados quietos prestando atención durante largos períodos (para su edad) es una escena muy poco probable en un jardín Waldorf, ya que a esa edad están en pleno desarrollo de lo que Steiner denomina el cuerpo físico y necesitan moverse con la mayor libertad posible.

Movimiento pleno

Fíjese en el desarrollo del cerebro: los niños aprenden a través del movimiento. Un niño sentado en una silla es algo extraño al proceso de aprendizaje.” – Christopher Clouder

SEMC 3MP DSCEl juego y las experiencias de aprendizaje directo (como pintura con acuarela, elaboración de pan o contacto con la tierra, por ejemplo) ocupan un papel central en un jardín Waldorf. Los niños aprenden de sus propias experiencias y no de una explicación teórica de cómo deben realizarse las tareas o cómo son determinados procesos. La maestra no les explica cómo se hace el pan, ni los niños la miran hacerlo, sino que todos juntos hacen el pan.

La imitación es la forma de aprendizaje por excelencia a esta edad, por lo que el maestro tiene la responsabilidad de crear un ambiente digno de ser imitado y ser (no sólo desde el discurso) un modelo a seguir. Para ello, además de la Titulación Oficial y la formación específica en Pedagogía Waldorf, debe realizar un trabajo personal profundo consigo mismo. “Educar implica un compromiso y todo compromiso es existencial. Si yo no me comprometo enteramente en lo que estoy, no es un compromiso.” — dice Horacio Sánchez y agrega: “Un maestro Waldorf es enteramente responsable de su trabajo. Es responsable de los procesos pedagógicos que el niño transcurre y en el encuentro entre los demás maestros de la institución se realiza el seguimiento de cómo evolucionan estos procesos. En las escuelas Waldorf cada uno es su propio director.”

Así es, los maestros no tienen director y a los alumnos no se los califica. Como si esto fuera poco, se trata de evitar la intelectualización temprana, por lo que -generalmente- las matemáticas y la lectoescritura se enseñan en el segundo septenio (aunque a través del juego y las actividades artísticas el niño está permanentemente expuesto al lenguaje y experiencias que sientan las bases para que llegado el momento aprenda los contenidos con facilidad).

Dejar ser

“Hay mucho tiempo para ser adulto y muy poco para ser niño.” – Christopher Clouder

SEMC 3MP DSC“El niño va a internalizar cuando llegue a un determinado estadio madurativo psico-social-anímico-afectivo-cognitivo que permita la captación de ese contenido.” — explica Horacio Sánchez.

Las escuelas y liceos Waldorf también tienen particularidades, como que un maestro acompaña a los mismos niños durante los 6 ciclos para así poder conocer mejor cada situación particular y tener más conciencia a la hora de enseñar o exigir los contenidos académicos. Generalmente no se usa libros de texto, sino que cada niño tiene su cuaderno donde documenta sus experiencias. Los días, las materias, las aulas y los contenidos programáticos también se diseñan desde una mirada diferente a la que la mayoría estamos acostumbrados.

Si bien es cierto que muchos maestros dan cada día lo mejor de sí mismos -incluso desafiando el sistema- y que diversos modelos pedagógicos con visión holística centrada en el niño están ganando terreno, todavía quedan muchos retos por delante. Tal vez el primer paso sea darse cuenta de lo limitadas que son las posibilidades de repensar un sistema que cultiva obediencia siendo fruto del mismo.

Fotos: Jardín Luz del Sol (infinitas gracias!)

Este artículo fue pub­li­cado orig­i­nal­mente en la Revista Sala de Espera de Uruguay. Aquí se puede leer la ver­sión online.