ricardo-villarealRicardo Villarreal Ghellinaza. Licenciado en Psicomotricidad y especialista en Desarrollo Infantil

Su experiencia en EPANÍ (Espacio para la niñez) le permite afirmar que acelerar los procesos de madurez en los niños menores de 7 años de edad conllevará a convertirlos en personas más frágiles y expuestas a enfermedades, como el estrés. Conversamos con él sobre las sobre exigencias y sus efectos durante la primera infancia.
1. ¿En los primeros años de vida de un niño, cuál es el ambiente ideal en el que debe desarrollar sus potencialidades?
Al inicio de la vida es un ambiente totalmente filtrado por el adulto, con una envoltura que lo contenga, que no lo asfixie y que le dé la oportunidad de actuar sobre el entorno desde sus iniciativas transformándolo, sintiéndose cuidado y libre a la vez.
Es decir, es un camino que parte de la dependencia absoluta en los primeros meses, ya que si no le dan afecto y alimento no hay supervivencia y, a medida que explora el mundo y tiene experiencias propias, comienza a ser una dependencia relativa, para llegar a una verdadera autonomía que también es relativa, ya que siempre necesitamos del otro, del vínculo, especialmente de un vínculo que nos habilita a la vida y no nos esclaviza afectivamente, para constituir la identidad, ser persona original y única, hoy y no mañana.
El ambiente ideal está basado en la seguridad, la libertad, el respeto y la autonomía. Un espacio en donde el adulto respeta las iniciativas infantiles y no intenta dirigirlo o adiestrarlo, sino que crea las condiciones para que sean los niños y niñas los protagonistas de sus intereses y proyectos.
2. ¿Es verdad que la sobre exigencia a un menor de siete años está ligada a un mayor desarrollo de sus habilidades?
Todo puede ser en la ciencia actual. ¿Puede una niña de 11 años tener hijos? Claro que sí, orgánicamente está preparada para ello, sus órganos están maduros, pero ella ¿podrá sostener afectiva y emocionalmente al bebé? Si todavía es una niña y está en un proceso de segurizarse como persona.
Puede una planta de tomate crecer rápido y fuera de época, claro que sí, a pesar de que sus frutos no tienen sabor a tomate. Mientras más se juega con adelantar la madurez, más expuesta está la naturaleza a la fragilidad, al estrés y al camino de la enfermedad.
Las preguntas deberían ser ¿dónde queda el sentir bienestar, ser feliz, el ser persona, el poder ser uno mismo? Y yendo al punto de la sobre exigencia al niño para “tener” mejores resultados, cabe preguntar ¿realmente nos importa el niño?, ¿lo que siente, lo que quiere, lo que él desea saber y aprender?
Hay actualmente varios modelos educativos que van de la mano con el desarrollo infantil y la salud, y otros que no; que son insanos y provocan dificultades en la personalidad del niño. Son espacios no saludables y es bueno que los padres los identifiquen, son modelos educativo narcisistas, en donde el centro de la pedagogía no es el niño, como actualmente es en la educación moderna (Finlandia, Singapur, Corea del Sur, Hong Kong, Japón, Inglaterra, Países Bajos, Suecia, Francia, Alemania y otros); sino al contrario, el centro del sistema es la institución, es un modelo antiguo, en el que si un profesor del siglo XVII viniera a dar clases, lo haría sin problemas pues nada en esencia habría cambiado.
3. ¿Cuáles son las características de un cuadro de estrés en un niño en la primera infancia?
El estrés infantil provocado por ambientes rígidos y con excesivas exigencias, es una respuesta orgánica y emocional a la híper estimulación que el niño no llega a procesar adecuadamente, llegando a la sobre-adaptación (también llamada adaptación pasiva de la realidad), que es el camino hacia la enfermedad, en donde fracasa el adulto y el ambiente como medio protector.
El camino inverso es la adaptación activa de la realidad en donde el niño es autor y actor de su propia vida, marcando el camino a la salud, en donde el adulto posibilita la contención adecuada.
Algunos signos: bajo rendimiento escolar, problemas de conducta, molestar a otros niños, preocupación y perturbaciones del sueño; también se dan manifestaciones físicas como: dolores de cabeza y estómago; mojan la cama, por primera vez o de manera recurrente; se muerden las uñas o arrancan el cabello y, en algunos casos, hay disminución del apetito o alteración en los hábitos alimenticios.
Entre las enfermedades que provoca el estrés, se destacan: Gastritis, hipertensión, poca confianza en sí mismos, agresividad, desobediencia, aislamiento, ideas suicidas en algunos menores y, en los casos extremos, quitarse la vida.
4. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de someter a los niños pequeños a situaciones que les generan estrés?
Es una forma de violencia, un sometimiento, un abuso infantil, ya que el adulto provoca un daño emocional al niño y todo maltrato tiene un mal rumbo que necesita de bastante ayuda para reparar, con cambios de actitudes de los padres y del entorno del niño.Cuando han sufrido ese tipo sometimiento, son niños que por propia iniciativa no eligen aquello que han aprendido con displacer. Por ejemplo, hay niños de 10 años que han tenido muy mala experiencia con la escritura por haber sido forzados y ahora no agarran un lápiz ni por las dudas, el miedo les gana y esta es una dificultad no solo para el niño, nos afecta a todos. La apatía y el desinterés son graves problemas sociales.
5. ¿Qué tendrían que hacer los padres para ayudar a sus hijos a construir confianza y seguridad en sí mismos?
Respetar los ritmos madurativos del desarrollo, teniendo en cuenta que primero es la madurez y luego el aprendizaje. Recordando a la naturaleza, donde primero es la flor y después el fruto o que ningún árbol crece tirándole de las hojas, es importante asimilar el modelo del jardinero, que observa y acompaña sus plantas con respeto y ternura.
Mirar al niño desde sus iniciativas y competencias y no tanto de lo que le falta, sino desde sus fortalezas, de lo que él sabe hacer.
Acompañarlo y atenderlo de manera adecuada, dándole la posibilidad de elaborar sus propios recursos y experiencias, para resolver los conflictos de adaptación.
Creer en el niño, tener confianza, paciencia, ya que seguramente los va a sorprender y va a resolver los conflictos a su manera y diferente a los otros.
No tratar de imponer el modelo de niño que le gustaría tener como hijo, sino aceptar al hijo como es, desde un amor incondicional, de lo que es verdaderamente, fortaleciéndose a sí mismo (es decir su verdadero self) y no el falso self, que está ligado al deseo y a las exigencias de los adultos, con una gran predominancia del “deber ser” dejando en un segundo plano “lo que quiere, lo que puede y lo que sabe”, que son los pilares de la personalidad, de su seguridad afectiva y emocional.
6. Según su experiencia, ¿cuáles son los casos más frecuentes por los que los niños de hoy acuden a terapia?
En relación a nuestra experiencia, en EPANÍ atendemos desde recién nacidos hasta los 11 años, siendo lo más frecuente en las siguientes edades:

  • De recién nacido a los primeros 3 meses: por la necesidad de los padres de ser acompañados en el desarrollo de su hijo recién nacido, en los cuidados infantiles (baño, comida, descanso, vestimenta, manipulación y sostén del bebé) y tener ayuda para darle un ambiente propicio para la libertad de movimiento y el desarrollo de su persona.
  • De 3 meses a 1 ½ año: por solicitud de los padres para posibilitar un desarrollo adecuado para sus hijos y también otros bebés para favorecer las condiciones generales, ya que nacieron con dificultades en su desarrollo.
  • De 2 a 3 años: generalmente niños con dificultades de adaptación al mundo exterior, muy pegados al vínculo de apego y sin deseos de desapegarse, o también niños con dificultades en su desarrollo.
  • De 3 a 4 años: en estas edades, la mayoría llega a EPANÍ por el temor a salir mal en la evaluación de los colegios. También por conflictos con los padres con relación a los límites.
  • De 4 a 6 años: la mayor frecuencia es por dificultades emocionales, afectivas, motoras y sociales.
  • De 6 a 7-8 años: la mayoría es por hiperactividad, falta de concentración, problemas sociales, inhibición, trastornos de conductas, estrés, dificultades en la motricidad, de aprendizaje dependiente y/o excesivamente egocéntricos.
  • De 8 a 11 años: la generalidad es por dificultades emocionales, baja autoestima, autoritarios y dificultades de integrarse a los grupos de pares.

Fuente: Permiso para ser niño

Publicado con autorización de Permiso para ser niño.