En un mundo que aboga cada día por la justicia de género nos encontramos, irónicamente, con que niñas y niños son muchas veces estigmatizados por sus preferencias a la hora de jugar, elegir sus actividades, colores favoritos o amistades, si desentonan con lo que se espera según su género.

 

Por: Claudia Moszkowicz

Mi hija no quiere ser princesaUna niña debe ser una princesa, preciosa, rosada y pulcra. Sentarse con las piernas cruzadas, jugar a las muñecas y algún día obviamente querer convertirse en mamá (además de tener una carrera exitosa, una casa perfecta, un marido y un cuerpo de tapa de revista).

Bastante se habla (lo cual no necesariamente significa que tengamos mucha conciencia) de las fuertes presiones que sufrimos las mujeres, a toda edad, por parecernos lo más posible a determinados estándares de lo femenino.

Y no creo que sea más fácil para los varones en este sentido.

Un niño debe jugar con pelotas y autitos, ser valiente, activo y, por supuesto, aprender cuanto antes que “los hombres no lloran”.

Los niños que juegan con muñecas, por ejemplo, muchas veces son limitados por sus padres, con la mejor intención, por temores generalmente relacionados con su orientación sexual.

Una niña que juega a las muñecas es una niña que practica su maternidad para el futuro, ¿y un niño que juega a las muñecas es afeminado? ¿Los niños no pueden jugar a ser padres? ¿Acaso los padres no cuidan a sus hijos? Y si fuera afeminado o gay, ¿cuál es el problema?

Para muchos puede sonar pasado de moda, pero se sigue diciendo una y otra vez “eso es de nenas” o “eso es de varones”. Cualquiera que pase 1 minuto en una juguetería puede identificar qué juguetes están destinados a cada cual.

Y esas expectativas de “normalidad” demasiadas veces atentan contra la posibilidad que damos a nuestros pequeños de ser ellos mismos, de aceptarse tal cual son, de explorar sus preferencias libremente, en definitiva, de ser felices.

Incluso si queríamos creer que tratamos a todos los bebés igual, algunos estudios concluyen que no es así, que esto varía según vistan rosa o azul. Cuando visten rosa los adultos tendemos a decirles frases como “¡ooh! qué linda princesita”, y si viste azul “¡hey! mira a este pequeño hombrecito… vas a ser un muchacho robusto”.

Está abierto el debate científico sobre si los gustos y elecciones según el género tienen base biológica o cultural, y lo que creo que es importante rescatar es que incluso los que defienden la base biológica opinan que la cultura tiene una fuerte influencia y que los niños y las niñas absorben las expectativas de los adultos.

Algunos estamos tan cargados de prejuicios, tragamos sin masticar tanta publicidad, nos damos tan poco permiso y tiempo para revisar nuestras creencias y los valores de la sociedad en la que vivimos, que a veces arriesgamos el bienestar de nuestros hijos e hijas en nombre de no desentonar.

Los adultos podemos revisar nuestras creencias y temores, entender cómo nos limitan y decidir con conciencia no transmitirlos a la siguiente generación. Y esto nos ayuda a proteger a los pequeños de mandatos sociales que puedan hacerles daño.

Los biologicistas defienden que cuanto más igualitaria sea la sociedad, mayores serán las diferencias entre hombres y mujeres, porque cada uno tendrá la oportunidad de cultivar sus propios intereses.

Y en última instancia, no me parece que lo importante sea si nos vamos a parecer más o menos, creo que el sentido de la búsqueda de la equidad es que cada uno pueda ser y hacer lo que quiera.

 

Me llamo Clau­dia Moszkow­icz. Soy mamá, ter­apeuta y emprende­dora.

Soy Lic. en Admin­is­tración de Empre­sas, y me he for­mado luego en Gestalt, Ter­apia Psic­o­cor­po­ral Reichi­ana, Puericultura, y actual­mente en Expe­ri­en­cia Somática [leer más…]