La autoestima de nuestr@s hij@s suele ser un tema que importa mucho a mamás y papás.

Una autoestima saludable implica reconocerse y aceptarse a un@ mism@, no sólo en los aspectos más virtuosos, sino también en las limitaciones.

¿Cómo podemos ayudar a nuestr@s hij@s a construir una autoestima saludable? ¿Con qué recursos contamos? Aquí algunos aspectos para empezar a abordar la autoestima de l@s pequeñ@s, y tal vez también la nuestra.

Por: Claudia Moszkowicz

Respetemos los ritmos de maduración y desarrollo

A veces parece que criar a un hijo, en algunos sentidos, es entrenarlo para las olimpíadas de la autonomía. “¿Ya duerme sólo?”, “¿Ya camina?”, “¿Ya habla?”, “¿Ya dejó los pañales?”, “¿Ya va al jardín?”, “¿Ya prepara su cena?”.

Nunca falta quien haga este tipo de preguntas. Incluso perfectos desconocidos las hacen en la cola del supermercado como quien sube a un ascensor y se queja del clima con tal de cortar el incómodo silencio de un viaje de tres pisos.

Tristemente seguimos encontrando algunos profesionales de la salud o la educación que emiten pronósticos catastróficos sobre la dependencia infantil, dando opiniones cargadas de prejuicios y faltas de argumentos sólidos, bajo la apariencia de “consejo profesional de un experto”.

Incluso los padres más empoderados e informados, que saben que cada niño es único y se desarrollará de forma óptima a su propio ritmo, por momentos se cuestionan ante tanta presión: ¿será que lo estoy haciendo mal?

La psicóloga española Rosa Jové explica: “Cada niño tiene su ritmo, y querer forzarlo hace que el niño sienta que hace mal las cosas. La introducción forzada de alimento, los métodos traumáticos para que el niño duerma y los castigos severos ante el control de esfínteres van a provocar un menoscabo de la autoestima del menor”.

¡Así que a relajarnos! Piano piano si va lontano. Todos algún día dejan de querer ir en brazos, todos dejan de mamar, de pasarse a la cama grande y, eventualmente, prepararán su cena y se irán de casa. Así que aprovechemos a besuquearlos mientras nos dejan, que además de hacer a todos felices, fortalece su autoestima.

Sra. Obediencia

La obediencia de los niños parece ser un valor fundamental en nuestra sociedad y una vara de medición de la buena crianza. ¿Qué clase de padre o madre tiene hijos desobedientes?

Es interesante reflexionar sobre qué tipo de sociedad se beneficia de criar personas obedientes, pero no me quiero ir por las ramas.

Buscar la obediencia de los hijos y querer fortalecer su autoestima se contraponen: obedecer (según la Real Academia Española: Cumplir la voluntad de quien manda) es seguir la voluntad de otro, mientras autoestima implica escucharse y seguirse a uno mismo.

Una de las dificultades radica en que queremos criar hijos con una autoestima saludable y al mismo tiempo nos hemos creído que si les damos libertad (que no hablo de libertinaje) van a ir a la deriva. ¿Quién no ha escuchado o dicho frases como “tenés que poner límites o van a hacer lo que quieran”? Como si hacer lo que quieran fuera un delito.

“Olvídate de buscar la obediencia. En su lugar, procura enseñar a los niños a cuidar de sí mismos y de los demás”, dice Alice Miller.

La clave está, creo que yo, en sustituir la lucha de poderes (quien da las órdenes vs. quien obedece) por liderazgo de los padres (que no se impone, se gana), en enseñar con el ejemplo la colaboración, el trabajo en equipo, el respeto por el punto de vista y las necesidades ajenas.

Nuestra propia autoestima

La autoestima de los padres puede influir en la de los hijos de varias formas. Cuanto más saludable es la autoestima de los padres, más probabilidades de que la de sus hijos también lo sea.

Los niños, especialmente los más pequeños, aprenden a valorarse a sí mismos a partir de la mirada de sus padres. Y, según Daniel Goleman, “Cuanto más abiertos estamos hacia nuestros propios sentimientos, mejor podemos leer los de los demás”.

Así pues, al estar en contacto con nuestros sentimientos y emociones, podemos acompañar a nuestros hijos de manera más sensible y empática y ayudarlos a transitar y aceptar sus propias emociones.

Al mismo tiempo somos su modelo a seguir. Si bien cabe que nuestras palabras enseñen algo, lo que realmente absorben es nuestra forma de conducirnos. Cómo los tratamos, cómo tratamos a los demás y cómo nos tratamos a nosotros mismos, es lo que van internalizando hasta convertirse en parte de quienes son.

Además, estar seguros de nosotros mismos como padres nos lleva a una mayor coherencia en la forma de criar, a no ser demasiado sensibles a opiniones externas a la familia, a poder defender a nuestros hijos cuando sea necesario y también a confiar y transmitirles que ellos son capaces y valiosos.

Estas son sólo algunas líneas para comenzar a pensar, que no pretenden de ninguna manera cumplir la función de manual, ni de promesa. Especialmente porque lo deseable es que cada familia reflexione y actúe según sus propias posibilidades, y que abandonemos la creencia de que es algo que se puede adquirir siguiendo determinados pasos o comprar en un mercado.

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