Muchas veces hablamos de lo difícil que se vuelve criar de determinada manera cuando nuestras experiencias como hijos se interponen en el camino.
 
Hace un tiempo decidí que era hora de dejar de culpar a mis padres, a la escuela, a quien sea, y darme cuenta de que ahora YO decido quien quiero ser.
Cuando gasto mi energía culpando a los demás por lo que no me gusta de mi vida o de quien soy, desperdicio la oportunidad de ver ¿quién soy en realidad? ¿quién quiero ser? ¿qué quiero hacer? ¿cómo puedo conseguirlo?
Claro que tiene un precio ser uno mismo y no todos estamos dispuestos a pagarlo.
Ahora, cuando te das cuenta que lo que te tranca es que no querés pagar ese precio, culpar a los demás ya no tiene el mismo sabor.
Quiero aclarar que no digo esto desde el lugar de tener todo resuelto… muy lejos de eso! Les estoy contando algo muy íntimo del camino personal que estoy eligiendo recorrer.
Y por el camino que ya he recorrido, lo que he aprendido, lo mucho que me he equivocado y todo lo que fui aprendiendo, sepan que estoy por acá si alguien necesita ayuda o acompañamiento para el suyo.
Y recuerden: “Nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz” (Milton Erickson)